jueves, 27 de abril de 2017

El viejo inútil

Prudencio ante el mapamundi de Lezama, indicando el trazado 
del teleférico construido por los gudaris entre Lezama y la cima del Txibiarte.

Ayer por la tarde llovía en la retaguardia de los montes San Pedro y Txibiarte. Esta primavera anómala ha pintado de vivos colores las lomas en donde se desperezan los caseríos. Lezama es todo un cuadro impresionista. La iglesia conserva una bella portada que se sigue moviendo entre el románico y el gótico. Aquí estableció sus cocinas el batallón anarquista Bakunin en los compases iniciales de la guerra civil. Una ikurriña preside la entrada al txoko, un remozado edificio neovasco convertido en la sede simbólica de la Junta Administrativa de Lezama, dueña de gran parte de los terrenos del monte de San Pedro. Don Prudencio, como un duende escandinavo, guarda la llave del arca (ese repositorio de la memoria) de la Junta, una puerta que sirve para acceder a los secretos del pasado de este territorio histórico y mítico.

Mateo Balbuena a las puertas del txoko de Lezama.

Lezama fue ayuntamiento independiente hasta que, en el tardofranquismo, una maniobra infame del caciquismo local logró que fuese anexionado por el ayuntamiento de Amurrio, con compra de votos de concejales. Hay cosas que no se olvidan. La identidad de Lezama se mantiene incólume, gracias en parte a la denodada labor historiográfica que llevan a cabo sus habitantes. En octubre pasado, cuando fuimos a solicitar el permiso de la Junta al caserío del señor Urrutia, este hombre nos consiguió embelesar durante dos horas, contándonos historias de la guerra y poniéndonos al día con la genealogía de su familia, desde el siglo XVI hasta hoy.
Acudimos al txoko para aportar nuestro grano de arena a la recuperación de la memoria histórica de Lezama. Los científicos son importantes a la hora de construir los relatos; ahora se habla mucho en los parlamentos de la guerra del relato. Nosotros estamos construyendo un reato de la guerra civil en estos lares a partir del registro arqueológico, la documentación histórica y las fuentes orales. Cualquiera que trabaje en estos temas sabe que es difícil conciliar estas tres fuentes de información... Pero en el txoko de Lezama, ayer, se obró el milagro.


Bajo el manto de agua apareció él, como un peregrino a Compostela o un caballero andante, el centenario Mateo Balbuena Iglesias. Fiel comunista, este hombre organizó el Batallón Leandro Carro del Ejército de Euzkadi en Amurrio, contribuyó a la conquista del monte de San Pedro y combatió en estas cimas hasta la retirada inevitable. Prolífico escritor, su próxima entrega se encuentra ya en la imprenta en Donosti. Él contribuyó a nuestro proyecto con su memoria y con sus memorias, tituladas El viejo inútil. En la portada vemos a un joven Mateo, teniente, con otros camaradas. Posan orgullosos con un fusil ametrallador.

Mateo explicando la portada de sus memorias.

En el interior del txoko alumbra la leña que arde en la chimenea. Mateo, prácticamente sordo, no quiere perderse detalle y se convierte en la sombra de los ponentes. Cuando Xabier Herrero empieza a desgranar esos primeros meses de la guerra, Mateo pide la palabra. Durante 20 minutos viajamos ochenta años en el tiempo. Este señor, que balancea suavemente su bastón, se hace dueño de la situación. Allí está, exhortando al pueblo, como cuando se subió a un banco en el centro de Amurrio y arengó a los allí presentes para enrolarlos en una unidad militar. Mateo emplea un castellano cervantino, domina el arte de la oratoria, se recrea con trucos retóricos, modula la voz, sin perder nunca el estilo melodramático. Habla como se hablaba entonces: fascismo, revolución... Se emociona cuando recuerda cómo su mujer pudo estudiar gracias a la Universidad obrera. Mateo considera que hay que ir más allá de lo local y analizar las causas del conflicto. Hace un repaso a las reformas fracasadas de la II República, a las contradicciones del capitalismo, todo ello, dice, ayuda a comprender la ciénaga en la que estamos hoy en día, en Europa y en España

Mateo nos explica detalles de la munición que él manejó en San Pedro.

Impresionante lo vivido ayer en el txoko de Lezama, en el aniversario del bombardeo de Gernika. Creo que en el conjunto del Estado es muy difícil que se dé algo así: una conferencia sobre Arqueología de la guerra civil en la que se cuente con la persona que disparó las balas que mostramos, que ordenó cavar las trincheras que excavamos. Un veterano de guerra con una memoria prodigiosa, una concienciación política a prueba de bombas y un saber erudito de carácter enciclopédico. Mateo está dotado de una indudable inteligencia natural. Mientras acariciaba las guías de peine que hemos recogido en los fortines del monte de San Pedro llegó a una conclusión: los objetos contribuyen a objetivar el conflicto y son portadores de la conducta de los individuos. Si se puede clasificar y saber lo que disparaba cada batallón ahí se encontrarían muchas de la claves de la derrota. La cultura material como marcador de la conducta, una tesis defendida por toda Etnoarqueología que se precie.


Mateo no olvida la retirada del frente de los batallones anarquistas enfrentados con el gobierno de Aguirre por causa de un lío de imprentas, en abril de 1937. De madrugada, estando de permiso en Orduña, tuvo que ir con su batallón y otros a ocupar la línea de frente que había quedado peligrosamente desguarnecida en el monte de San Pedro, Sobrehayas y Txibiarte.
Tras su emocionante mítin y ante la imposibilidad de poder seguir la charla, Mateo Balbuena se retiró discretamente y reemprendió la marcha hacia su caserío de Lezama, no sin antes dejar un aviso a navegantes: para comprender lo que pasó hay que leer mucho. En este mes de mayo seguiremos leyendo las cicatrices de la memoria que atraviesan todo el monte de San Pedro, en las tierras de Lezama y Aloria.


Post by Xurxo Ayán, Josu Santamarina y Xabi Herrero (proyecto monte de San Pedro 1936-7).



sábado, 22 de abril de 2017

Ofensiva por el flanco derecho

Así de bonita fue la conquista de América

En los últimos meses se han publicado varios libros que la derecha ha recibido con gran alborozo, porque legitiman ideas y valores conservadores. Aquí van tres microrreseñas:

El Gran Nivelador (The Great Leveller): Walter Scheidel, un reconocido historiador de la Universidad de Stanford, afirma que la desigualdad es inherente al ser humano, al menos durante los últimos miles de años. Y que siempre que ha habido nivelación socioeconómica ha sido gracias a desastres y crímenes atroces. No es que Scheidel sea un gran defensor de la desigualdad, ojo: él simplemente documenta lo que hay (o lo que él cree que hay). Moraleja: Otro mundo no es posible. Toca vivir esclavos y además morir de rodillas. O eso o pandemias, guerras mundiales y genocidios. Los sectores más conservadores de Estados Unidos lo han aplaudido fervientemente. Best-seller en Norteamérica.

Imperio y leyenda negra de María Elvira Roca es una apología del imperio español. Un libro tan carente de originalidad como plagado de errores factuales. Pero sirve para que nos volvamos a sentir orgullosos de ser españoles y de haber conquistado la mitad del mundo. La desaparición de las poblaciones indígenas en el Caribe, los trabajos forzados, los reasentamientos masivos, el saqueo de las riquezas americanas, las conversiones forzosas, la esclavitud de cientos de miles de africanos: daños colaterales muy exagerados por los extranjeros que nos tienen manía y que eran peores que nosotros. Un argumento de extraordinaria pereza intelectual ("y tú más") que recuerda a las manifas pro-Franco cuando la comunidad internacional criticaba las barbaridades del régimen: "Contra la injerencia extranjera". Cuatro ediciones en el momento de escribir esta nota. Éxito editorial.

1936. Fraude y violencia en las elecciones del Frente Popular de Álvarez Tardío y Roberto Villa es un minucioso estudio de las actas electorales de febrero de 1936. Nada que objetar. El planteamiento del estudio, sin embargo, carece de originalidad y el método de análisis es tan tendencioso como el título del libro. Santos Juliá ha demostrado que los cálculos fallan por la base, dado que para que salgan los números los autores tienen que contar a la derecha como un bloque electoral, cosa que ni fue ni pudo haber sido. En cualquier caso, la conclusión implícita (o no) es que los primeros golpistas en España fueron los de izquierdas ¿De quién es la culpa de la Guerra Civil por tanto? Exacto. Otro bestseller entre lectores conservadores, necesitados no solo de que los suyos venzan en las guerras, sino de que además tengan razón.

La reacción de la izquierda en España ha sido contudente. Tan solo el libro de las elecciones ha merecido reseñas críticas y no precisamente por afines a Podemos: Santos Juliá y Jorge Reverte

Mientras la versión más retrógrada de la historia triunfa en las librerías, los intelectuales más a la izquierda llegan a la conclusión de que el enemigo a batir es Javier Cercas con su última novela, que ha sido objeto de furibundas recensiones. Cercas hace poco escribió lo siguiente:


"Ese es el mínimo acuerdo sobre el pasado que necesitamos: un acuerdo que condene de forma taxativa el golpe del 18 de julio y el franquismo y que diga taxativamente que ni fueron necesarios ni inevitables, y que el golpe militar y la dictadura constituyeron un error sin paliativos. Por desgracia, la derecha española, o buena parte de la derecha española, todavía no tiene claro el pasado y por tanto carecemos de un acuerdo completo sobre el presente, lo que significa que el pasado sigue sin digerirse, sigue siendo un lastre y un freno, de vez en cuando un arma arrojadiza. Y por eso casi nunca sabemos adónde vamos, ni qué hacer con el futuro."
Es posible que los críticos de Cercas tengan razón en su anális de la novela y sus ambigüedades políticas. Pero me da la impresión de que no se están enterando muy bien de por dónde viene la ofensiva, la que nos puede devolver a la verdad de la dictadura. Libros como el de Álvarez Tardío y Villa nos alejan cada vez más de ese mínimo acuerdo sobre el pasado que necesita nuestra sociedad. Libros como el de Roca sirven para nutrir un chovinismo vetusto que es lo que menos necesitamos en un mundo amenazado por nacionalismos excluyentes, aventuras neoimperiales y xenofobia. 

Es contra esta ofensiva, la del flanco derecho, contra la que hay que luchar usando las armas de nuestro oficio académico: la razón, la erudición, la retórica.

jueves, 13 de abril de 2017

Personas


 Argentina
 Bosnia
 Bosnia
 Bosnia
 Colombia
Colombia
 
 Guatemala
 Guatemala
 Iraq
 Iraq
 Iraq
 Iraq
 México
 México
 Polonia
 Polonia
 
 Ruanda
Ruanda
España

Se ha dicho en varias ocasiones que los crímenes contra la humanidad comienzan por la deshumanización del contrario (judío, rojo, fascista, moro, burgués, negro, indio: hay donde elegir). En nuestra página de Facebook las noticias sobre fosas comunes reciben a veces el emoticono "me divierte". Son una minoría, desde luego, pero ahí están: dos o tres personas que se divierten ante una fosa común. Les divierte ver una zanja con cinco, diez, veinte, cien cadáveres de personas asesinadas. Porque consideran que no son personas, supongo. Tampoco deben de ser animales (no soy vegetariano, pero a mí no me divierte la imagen de un matadero). Quizá sí sean seres humanos y simplemente se merezcan estar en el fondo de una fosa común con una bala en el cráneo, sepultadas, olvidadas, sus familiares humillados durante décadas.

La arqueología y la antropología física tal vez no sean los mejores aliados en la rehumanización de las víctimas, porque lo que sacamos a la luz son huesos y objetos. Tratamos de darles vida con nuestro trabajo. Pero hace falta un esfuerzo de imaginación para devolver a esos restos inertes humanidad; para imaginarse los huesos en un cuerpo con vida, con familiares, con esperanzas, con planes de futuro. No debería hacer falta, en cambio, imaginación para ver en los judíos, rojos, fascistas o moros a seres humanos cuando estaban vivos. 

Entiendo que a alguien que se divierte ante una fosa común es díficil conseguir despertarle la compasión por el prójimo (el prójimo que no es de su raza o de su credo). Pero tengo paciencia. Así que seguiré intentando: esta vez con una fotogalería. En vez de imágenes truculentas de fosas comunes o de las víctimas en vida, he pensado que quizá ver a los familiares de las víctimas pueda ayudar a quiénes se divierten ante las fosas. Y la próxima vez que enlacemos a una noticia sobre fosas comunes elijan el icono "me entristece" en vez "me divierte". O que no hagan nada. Eso ya sería un avance. 

Podría haber seleccionado a familiares de republicanos, pero por lo visto quienes se divierten ante las fosas comunes están inmunizados contra esas fotos. Así que solo he elegido una de España. Las otras diecisiete proceden de otros países: Argentina, Colombia, Guatemala, México, Irak, Bosnia, Ruanda. Lo que une a las personas que aparecen en las imágenes es que todas son familiares de víctimas de asesinatos extrajudiciales. Lo que las une al resto de la humanidad es que son personas. 

Y eso es lo único que cuenta para llorar con ellas.

sábado, 8 de abril de 2017

Wounds in the Dirt


En 1889 dos hermanos, Willard y Harlow Bundy, abrieron en Binghamton una time recording clock company. En los años 20 miles de obreros trabajaban ya en Bundy Time Recorders. Posteriormente la compañía se estableció en la zona de Endicott y dio lugar a la archiconocida IBM. La ciudad vive una gran crisis postindustrial. Aquellos tiempos se fueron para no volver. Para recordarlos se ha intentado recuperar el patrimonio vinculado a esa historia tan norteamericana de emprendedores capitalistas. Hace unos años se musealizó la casa vitoriana de Harlow Bundy, en donde se ha establecido un museo de arte e historia.



Este ha sido el edificio elegido como escenario de la exposición fotográfica de nuestro compañero Rui Gomes Coelho, quien nos ha acompañado en nuestras incursiones por Castuera, Belchite, Madrid y Repil. Tras su paso por Southampton y Lisboa, la exposición llega ahora a los USA. Para nosotros es un paso muy importante en la divulgación y socialización de nuestro proyecto en Arqueología de la guerra civil española. No es la primera vez que nos damos cuenta de una dura realidad: a veces interesa más esta temática fuera de nuestro país que dentro. Corren malos tiempos para la arqueología y la memoria histórica en el Reino de España.



La exposición cuenta con una introducción de Randall McGuire y con textos de Xurxo Ayán. En nuestro blog podréis ver y leer cada una de las 21 fotografías que resumen la originalísima visión de Rui Gomes. El lema de IBM fue THINK, y eso es lo que hace con su cámara este portugués errante: nos obliga a pensar y reflexionar sobre la relación de paisajes, personas y cosas vinculadas a la guerra civil española.


lunes, 3 de abril de 2017

La sombra de la guerra es alargada (4)

España y sus banderas. Baraja impresa por Fournier durante la guerra.

Franco no estudió en West Point. Era un auténtico maestro de la intriga política, pero en esto de la guerra no tenía mucha consideración hacia nadie, y menos hacia sus propios soldados. Es la falta de empatía característica de todo psicópata. Jamás siguió los consejos de sus subordinados ni mucho menos de los asesores alemanes e italianos. Su política era no ceder ni un centímetro de terreo al adversario, resistir hasta el último hombre y todo este tipo de épicas manejadas por los militares africanistas. Tras el fracaso en Madrid en noviembre de 1936, la toma de la capital fue una obsesión para el Generalísimo. En este contexto se enmarcan las conocidas como tres batallas de la carretera de A Coruña. El ejército sublevado intentó aislar Madrid  pero tuvo que desistir ante la denodada resistencia republicana, en un momento de honda reorganización de un ejército que contaba con la inestimable ayuda soviética.

Entrega de banderas a la mehal-la jalifiana de Tetuán, antes de la guerra.

Entre el 3 y el 15 de enero de 1937 tuvo lugar la tercera de estas batallas. Al mando del Ejército Reforzado de Madrid se hallaba el general Orgaz, quien contaba con unos 20.000 hombres. La mayor parte de ellos eran tropas coloniales, la élite de las fuerzas de choque de los sublevados. Entre ellos estaba un hombre joven emparentado con la familia Fournier, la dueña de la exitosa fábrica de naipes de Vitoria. Esta empresa se convertiría en la imprenta oficial de los sublevados durante el conflicto. Como premio a los servicios prestados, el régimen intercedió para que se hiciese con maquinaria de vanguardia en la Alemania nazi, lo que garantizó el monopolio de Fournier durante años.


El chaval se llamaba Jesús de Arjona Betegón y era teniente de la primera mehal-la jalifiana de Tetuán. Con razón el juego de las banderas de España editado por Fournier incluía la bandera del Protectorado de Marruecos con la media luna. Los moros ponían la carne de cañón. Pero no solo ellos. Este oficial fue una más de las víctimas que se cobró el intento del 6 de enero por llegar al kilómetro trece de la famosa carretera. Por su parte, las Brigadas Internacionales (Garibaldi, Thaelmann, Comuna de París, Edgar André) pagaron un duro precio en estos combates. Aunque los sublevados se hicieron con diez kilómetros de esta carretera, llegando a las casas de Puerta de Hierro, la ofensiva se detuvo ante la falta de reservas y el contraataque republicano posterior.


La historiografía militar española se ha centrado siempre en estas grandes batallas en donde parecía que se decidía todo. Este enfoque traslada la idea de que el resto de frentes se paralizaba. Y eso no era así, evidentemente. En los últimos años se ha recuperado la memoria de otras pequeñas batallas olvidadas. Nosotros mismos hemos excavado posiciones en escenarios secundarios del conflicto pero que también se cobraron su precio en sangre. Tras eufemismos tacticistas como rectificación del frente o labores de limpieza de bolsas de resistencia se esconde una realidad trágica y brutal. Mientras se combatía a las puertas de Madrid, también se hacía los mismo en las estribaciones de la cordillera cantábrica, en el Frente Norte, en el área de Espinosa de los Monteros. Allí tuvo lugar la conocida como batalla del Alto del Caballo y Mirador de Espinosa, intento franquista de recuperar esa cota estratégica que había sido ocupada por los republicanos en la Nochevieja. Aquí se lucieron los franquistas. Según parece, los soldados de la guarnición que defendía el alto estaban totalmente borrachos esa Nochevieja. Para acabar de rematarla, los Junker alemanes que aparecieron el día de Reyes bombardearon por error el centro del pueblo de Espinosa de los Monteros, en manos sublevadas.

(Fuente: Blog www.lasmerindadesenlamemoria.wordpress.com)

En el intento de recuperar el Alto del Caballo murió el alférez Augusto Arteaga. Gracias a los trabajos de investigación del historiador local Fernando Obregón sabemos exactamente lo que ocurrió ese día 4 de enero de 1937. En esa jornada murieron en la posición de La Herbosa (El Mirador), 2 alféreces (uno de ellos Augusto) y 3 soldados del Regimiento San Marcial, 4 miembros de las milicias de Falange de Burgos y 1 moro (citado así, sin nombre ni nada), asi como otro soldado del Regimiento 11º de Artillería en la posición de La Riva, y otro soldados en Quintana de los Prados. Según Fernando Obregón se contabiliza en total un mínimo de 12 muertos en las filas franquistas, aunque por testimonios orales se sabe que también cayeron otros muchos marroquíes, que tal vez no fueron inscritos en el Registro Civil de Espinosa por haber sido enterrados en las posiciones republicanas.

Tumba del alférez Augusto Arteaga.

Las tropas republicanas estaban dirigidas por el socialista Cecilio San Emeterio Latorre, presidente del sindicato de chóferes. Combatió hasta ser hecho prisionero en Gijón. Luego, se suicidó. Su mujer Amparo Eguía se exilió en Bélgica, en donde siguió militando en el sindicalismo socialista. Curiosamente, en el Alto del Caballo su marido luchó contra un falangista belga, Victor Vander Eyden, quien murió en combate al lado de Augusto Arteaga. También andaba por allí un finlandés anticomunista, el capitán Haartmann, que había sido instructor de la Centuria catalana de Falange. Como se ve, mientras en Madrid las brigadas internacionales combatían para defender la República, en Espinosa de los Monteros los franquistas también contaban con la ayuda de voluntarios fascistas europeos..
(Fuente: Blog www.lasmerindadesenlamemoria.wordpress.com)